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MIRIAM TORRES: TECLEANDO VENCIÓ EL SILENCIO Y LA OSCURIDAD

Por: Beatriz Caraballo

Una pequeña máquina de escribir1 es el medio    directo que tiene para comunicarse con personas sin necesidades especiales. Ésta es una valiosa herramienta que lleva consigo para todos lados, desde hace 20 años.

Esta mujer de 58 años de edad es sordociega. Sin embargo, esta condición no la ha limitado, y por el contrario ha sabido superarse en la vida, desarrollando sus otros sentidos, principalmente el olfato y el tacto.

Nació en la Maternidad Concepción Palacios, de Caracas. Su infancia y adolescencia transcurrieron en Caucagüita, estado Miranda. “Recuerdo que en esa zona había un hermoso río, al que iba con mi mamá a lavar la ropa”.

Cuando comenzó a estudiar en el Colegio Sagrado Corazón de Jesús, tanto familiares, como docentes se dieron cuenta de que tenía un problema en la visión, por lo que su progenitora la llevó a realizarse un examen, con el que le diagnosticaron atrofia del nervio óptico. Sin embargo, en esa ocasión, su problema de audición no le fue detectado.

Ante esta situación ingresó a estudiar en el Instituto Venezolano de Ciegos, donde sus compañeros se dieron cuenta de que escuchaba muy poco. Tras concluir su educación primaria, ingresó a estudiar bachillerato en la Casa Hogar de Niñas Ciegas de El Junquito, de la que egresó como Bachiller mención Humanidades.

También, realizó cursos de artes plásticas y textiles, practicó baile, educación física y rítmica, así como natación.

“Luego de pasar por un proceso de rehabilitación, estuve trabajando por mi cuenta las manualidades, y en una fábrica; hasta que me incorporé al Ministerio del Poder Popular para la Educación. Aquí estoy desde el año 1988.

Hoy día labora en el Instituto Nacional de Rehabilitación como instructora de escritura de braille, lengua de señas, matemáticas y cálculo con ábaco, además brinda psicoterapia a quienes pierden la vista de un día para otro, como también al que está en vías de perderla.

“El personal con el que trabajo es todo graduado. Unos son médicos, otros fisioterapeutas, y otros más, terapistas ocupacionales. Aunque no logré estudiar en una universidad enseño a niños, jóvenes y adultos mayores. Entreno a los futuros profesionales que realizan sus pasantías en el Instituto, incluso a los mismos compañeros”.

Diariamente atiende entre cinco y seis personas, quienes son instruidos por ella y los otros técnicos del Instituto.

Explicó que, el tiempo de aprendizaje en cada persona va de acuerdo a la escala intelectual. Unos aprenden en menos de un mes, mientras que otros tardan más períodos para instruirse.

La metodología de enseñanza se basa principalmente en el alfabeto braille.

“Yo les entrego una tablita que tiene seis huequitos, y en esos seis huequitos le coloco seis clavitos. Con esos seis clavitos van contando de arriba hacia abajo, y de izquierda a derecha, los números y letras”.

Miriam ya cuenta con 24 años de experiencia impartiendo clases a personas sordociegas. También, ha dictado talleres de sensibilización e inducción de sordoceguera en varias instituciones.

Recuerdos de su infancia

Aunque su visión no es clara, y su oído no percibe los sonidos convencionales, confiesa sentirse bien. No obstante, asegura que la comunicación “es la barrera “más tremenda” que ha tenido que enfrentar.

“A veces puedo percibir rayos de luz, pero, la mayoría del tiempo veo todo negro. Los sonidos de truenos y cohetes, me llegan, y si hacen un tiro, me asusto; pero, escuchar las voces y entenderlas, es muy difícil”.

Cuando pequeña le colocaron prótesis auditivas, y pudo percibir las voces, no obstante, nunca podía entender lo que le decían; es decir, “oía, pero, no escuchaba, que son dos cosas diferentes”, detalló.

Cuando estaba niña podía ver y escuchar poco. A medida que fue creciendo perdió estos sentidos, y “cuando llegué a la edad adulta quedé en silencio y en oscuridad”.

Muchas personas se sorprenden escucharla pronunciar palabras, y se preguntan cómo puede hablar si no oye, a lo que ella explicó que, mientras un individuo tenga las cuerdas vocales sanas, pese a ser sordo, puede hablar.

“Mi familia fue la primera en enseñarme. Luego en el Colegio Corazón de Jesús, y en el Instituto de Ciegos me enseñaron mejor, porque cuando aprendí braille, a medida que iba leyendo las palabras, iba mejorando”.

Su mamá, también, tenía una discapacidad visual y auditiva. Miriam agradece a su progenitora lo que pudo aprender durante su infancia, porque le brindó la oportunidad de estudiar en escuelas donde le enseñaron a valerse por sí misma.

Esta educadora por vocación se casó con un músico, quien también tiene el sentido de la visión reducida. No pudo procrear hijos debido a una afección en sus ovarios, y aunque esto no causó la separación de su pareja, desde hace 12 años vive sola.

Actualmente, reside en la comunidad de Mamera, en Caracas, donde su única compañía es una perra de nombre Yang, que en chino significa “Fuerza”.

“Me la regalaron en la Casa Hogar de Niñas Ciegas, cuando la perrita tenía 15 meses. Me dijeron que no crecía, pero creció tanto que ahora me llega por la cintura. Ella es mi compañera”.

Aunque no puede ver ni oír, se desenvuelve en diferentes oficios que le gustan, entre ellos cocinar, confeccionar todo tipo de manualidades y escribir poemas.

“En mi casa me dedico a hacer mis actividades como cualquier persona. Salgo sola a la calle, y con ayuda de un bastón me movilizó de un lugar a otro. Antes de entrar al colegio ya mi mamá me había enseñado a desenvolverme, y luego que entré a la Casa Hogar aprendí mucho más, y a salir a la calle”.

Labor universal

Miriam Torres ha tenido la oportunidad de viajar por muchos países, pero, por cuestiones de trabajo, nunca de vacaciones. Ha ido a Nueva Zelanda, Finlandia, Uganda, España, Colombia, Ecuador, Cuba, Perú, Uruguay y Brasil.

Desde 1995, es presidenta de la Organización Venezolana de Sordociegos (Orves), una institución creada con el propósito de atender a la población que tiene este tipo de discapacidad, a fin de ayudarlos a desarrollarse integralmente.

Ella confesó que, su trabajo es arduo. Comienza a las 7:00 de la mañana y se extiende hasta la noche, sin embargo, lo que hace es motivo de mucha alegría y emoción.

Torres reconoció que, en Venezuela se ha logrado avanzar en el tema de la sordoceguera, aunque todavía falta fortalecer acciones a favor de la población afectada.

“En el país se ha hecho lo que se ha podido. Muchas personas han aprendido a leer y a escribir, se les ha ayudado a que consigan empleo, pero, con la ayuda de todos podemos, solos no. Este Gobierno ha hecho más que otros, porque cuando no existía la Ley, pocas veces nos tomaban en cuenta, ahora sí”.

Encuentro con el Presidente

El 30 de abril del año 2007, esta luchadora mujer conoció al presidente Hugo Chávez. Ella describió este día como un encuentro inolvidable.

“Resulta que un día llamaron para mi trabajo preguntando por mi persona, y el Director del Instituto dio todos mis datos, y me anotaron para asistir a un acto en el Teatro “Teresa Carreño”, donde me darían una medalla por la labor que realizo. Cuando tuve al Presidente al frente, lo abracé y le di un beso. Él me escribió en la máquina: Te quiero mucho. Sigue trabajando, felicitaciones. Ese encuentro fue maravilloso, lo recuerdo por el olor de su colonia”.

Expresó que, hoy día, su necesidad más grande es lograr conseguir una línea braille portátil y pequeña, para poderla llevar con facilidad a todas partes que vaya.

“Con esto podría vencer más la barrera de la comunicación. Yo con un celular y una PC, que tengo en la casa, con método braille puedo hacer todo. Pero, cuando estoy en la calle quedo incomunicada. En cambio con una mini lapto o una línea portátil, me podría comunicar en todas partes”.

Por eso anhela que cualquier persona o ente del Estado realice el donativo, debido a que no puede adquirirlo por el costoso valor del equipo.

Finalmente, aconsejó a otras personas con discapacidad a seguir en la lucha por “nuestra superación personal. No vivamos de la caridad ni la limosna, sólo pidiendo. Trabajemos para ser productivos al país. Lo que aprendamos, debemos enseñárselo a otros, y dondequiera que consigamos a una persona con discapacidad, ayudémosla a sacarla a la luz”.

Exhortó a quienes no tienen discapacidad, a ver como iguales a quienes sí la tienen. “Nunca nos vean con lástima, y siempre tratemos de buscar la integración entre la población con y sin discapacidad”, concluyó.

(1) Son maquinas utilizadas por la persona sordociega que conoce el braille. La máquina Tell a Touch, tiene al frente un teclado común y las barras de la escritura Braille, y al respaldo una celda en donde sale cada letra presionada al frente por el interlocutor y es leída por el sordociego en la celda como un signo generador en Braille a touch.